jueves, 5 de septiembre de 2013



Para alcanzar el éxito.

Dos son los mayores obstáculos que tiene una persona para alcanzar el éxito: el temor al fracaso y la falta de actitud. En realidad, muchas veces, tener conocimientos adecuados es importante, pero no determinante. Aprende a vencer dichos obstáculos.

Te preguntarás: ¿Cómo?

Las respuestas son:


2.- Considera la adversidad, los problemas u obstáculos, como desafíos que se presentan durante el trayecto a tus metas y sueños.

3.- No te centres en los problemas, ni busques culpables.

Por el contrario, busca alternativas y soluciones, viendo cada situación difícil como una oportunidad para aprender.

4.- Persevera.

Termina lo que empezaste, buscando obtener satisfacción de lo que estás haciendo y no te enfoques sólo en el resultado que quieres obtener.

5.- Tener autoestima alta.

El problema al plantearnos las metas y buscar el éxito en ciertas áreas, está relacionado con los diferentes tipos de autoestima.

Una persona con buena autoestima tiene mayor facilidad para ser exitosa porque:


A.- Tiene confianza en sí misma y esta actitud le permite seguir adelante, a pesar de los problemas y fracasos normales de cualquier situación.

B.- Es flexible y cuando comete un error lo corrige,

C.- Si necesita ayuda la busca.
Una persona con una baja autoestima, tiene menos probabilidades de lograr el éxito, porque:

A.- No se arriesga, por temor al fracaso,

B.- Tiende a ponerse metas muy altas, para probarse a sí misma su "valor como persona"

C.- Frente a los problemas u obstáculos, se desmotiva fácilmente.

Tú, ¿en dónde te encuentras?



Incúlcales la autoestima a tus hijos.

Es muy importante que a tus hijos les inculques la idea de siempre y en cada momento esforzarse, lo cual ayudará a mejorar su nivel de autoestima. Tus hijos necesitan saber que para que las cosas les salgan bien o para mejorar, todos los días y todo el tiempo, deberán esforzarse.

Al inculcarles el concepto del esfuerzo para lograr lo que quiere, será una idea fija en su mente que les acompañará durante el resto de sus vidas y puede ser el motor que les permita seguir adelante en los momentos más difíciles.

Asimismo, enséñales a tus hijos que “la práctica hace la perfección” o, al menos, que la repetición conduce a la mejora. Muéstrales a tus hijos que por sus propios actos, si intenta algo y a la primera vez no tienen éxito, un segundo o tercer intento puede acarrear resultados positivos.

No olvides que los niños aprenden de sus padres. Asegúrate de darles un buen ejemplo.

A continuación, te mostramos cómo puedes ayudar a tus hijos a sentirse positivos:


1.- Dile a tus hijos lo que han hecho bien. Se generoso y sincero, y elógialos por sus esfuerzos y logros.


2.- Si haces una crítica, te recomendamos que tu mensaje sea elaborado de manera positiva y con incentivo.


3.- Pídele su opinión a tu hijo e implementa algunas de sus sugerencias.


4.- Ayuda a tus hijos a descubrir en qué cosas son buenos. Permite que tus hijos prueben pasatiempos y actividades de su interés. Incentiva el servicio comunitario y el trabajo voluntario.





Alimentos de bajo índice glicémico.

Granos
Elige granos enteros para un menor índice glucémico. Una rebanada de pan de trigo integral tiene un índice glucémico de 52 y contiene alrededor de 100 calorías. Los cereales de salvado tienen un IG de 30 a 50, dependiendo de la marca y contienen alrededor de 100 calorías por la porción de 1/2 taza. Barley ofrece un valor aún más bajo con un IG de 22 y contiene un poco menos de 100 calorías por la porción de 1/2 taza.

Vegetales

Las verduras tienen una buena puntuación en la clasificación del índice glucémico, con diversas variedades que contienen valores de IG de 15 o menos, incluyendo la berenjena, el brócoli, la coliflor, la lechuga, las judías verdes y los pimientos rojos. Estas verduras contienen 25 calorías o menos por cada porción de media taza. También con un bajo IG, la calabaza, el maíz y el ñame tienen valores de IG entre los 50 y 55 y contienen 41, 65 y 79 calorías respectivamente por cada media taza.

Frutas

Las frutas tienen un índice glucémico ligeramente superior al de las hortalizas debido a su dulzor. Dado su alto contenido en fibra, muchas frutas siguen manteniéndose por debajo del umbral de 55 que hace al bajo IG. Elige manzanas, melocotones, naranjas o peras para una calificación IG de 40 o menos. Estas frutas también puntúan bien en calorías con cerca de 70 calorías por fruta. Casi al mismo nivel, los mangos y los plátanos tienen calificaciones de IG menores a 50 y proporcionan cerca de 100 calorías por porción.

Lácteos

A diferencia de las fuentes vegetales de hidratos de carbono, los valores IG de los productos lácteos y la cantidad de calorías están inversamente correlacionados. Por ejemplo, la leche entera tiene un valor IG bajo con 11 puntos, pero contiene 146 calorías por cada porción de 8 onzas (un vaso), mientras que la leche desnatada tiene un IG superior a 37, pero con sólo 86 calorías por porción. En este caso es la grasa, y no la fibra, la que mitiga el aumento de los niveles de glucosa en sangre. De cualquier manera, ambos todavía califican como alimentosde bajo índice glicémico, como el yogur azucarado, con un valor en el IG de 33 y alrededor de 170 calorías por cada porción de 6 onzas (170 gramos), dependiendo de la marca.

Legumbres

Si bien tienen el doble de calorías que las hortalizas, las legumbres son parte de la lista de losalimentos con un bajo índice glicémico. Las lentejas, los garbanzos y los frijoles son alimentosde bajo índice glicémico con índices de 30, 42 y 52 respectivamente. Cada porción de media taza contiene cerca de 120 calorías.


La importancia de cambiar los hábitos alimenticios.

Es fundamental cambiar tus hábitos alimenticios para mejorar tu salud. Al desarrollar buenos hábitos alimenticios, las comidas producirán beneficios sobre tu cuerpo.

Para lograrlo, en primer lugar tienes que darte el tiempo, el espacio y el gusto de disfrutar cada comida que tengas al día. La segunda recomendación tiene que ver con la preparación de los alimentos, además de elegirlos de forma adecuada.

Seguramente dirás que no resulta una tarea fácil cambiar de hábitos alimenticios, pero si no empiezas hoy, entonces ¿cuándo?

Sabemos que estás acostumbrado a comer comida rápida fuera de casa o dentro de ella. Sin embargo, ten en cuenta que los beneficios de alimentarte bien son muchos. Pronto los notarás en tu actividad diaria.

Los buenos hábitos alimenticios te ayudarán a disminuir tus niveles de estrés, te  sentirás dueño de tus decisiones relacionadas con lo que elijes para comer,  aumentarás tu autoestima y empezarás a sentir los beneficios de comer alimentos ricos desde el punto de vista nutricional.

Si comes en exceso, ¡haz un esfuerzo! y come con moderación. El exceso te lleva  directo a la obesidad y es un hábito que a la larga te autodestruye. La moderación es el antídoto para detener tu forma de comer compulsiva.

Si sufres de cambios de humor, contrólalos. Dichos cambios son los que te dominan y fueron producidos por comer de manera compulsiva.

¡Ten cuidado con los alimentos de alto índice glicémico! El índice glícemico es un indicador de la rapidez con la que los carbohidratos que comes, (frutas, cereales, granos, tubérculos, harinas, panes y galletas, entre otros), llegan a la sangre en forma de glucosa, que es el carbohidrato que el cuerpo utiliza.

Estos alimentos aumentan bruscamente la glucosa sanguínea, ya que producen una descarga de insulina posterior, llevando de la euforia momentánea a una sensación de aletargamiento posterior.

Si tienes una adición a la comida, trata de vencerla. De esta forma, controlarás de  mejor manera la cantidad de comida que ingieres. De lo que se trata es de comer con hambre (necesidad de comida) y no comer con apetito descontrolado, que equivale a deseo de comida por causas emocionales.

Aunque comas fuera de casa, en restaurantes, o pidas comida a domicilio, no es obstáculo para que no puedas llevar una dieta balanceada y sana. Tan sólo no pierdas el control y cuida lo que elijas de los menús. Aprender a consumir alimentos variados y elegir alimentos más saludables (con poca grasa).
Por ejemplo, empezando con el desayuno, este debe ser de calidad y depende de las raciones que decidas consumir. Puede ser cereal, lácteos bajos en grasa y frutas, que puedan mantenerte con sentido de saciedad a lo largo de la mañana.  No olvides esto: un desayuno con alto contenido graso, pocas proteínas y fibras, se asocia con mayor sensación de hambre y fatiga a las pocas horas de haberlo consumido. Si sientes hambre antes de la hora de la comida, consume una fruta o verduras. A esto se le llama colación.

A la hora de la comida, varía las opciones. Como primer plato, puedes elegir
una ensalada de hojas verdes, y puedes agregarle tomate, zanahoria, pepino, repollo blanco o morado. Una sopa de verduras sin grasa, también es muy recomendable.

El platillo fuerte puede ser una porción de 120 gramos de carne roja o blanca, o 200 gramos de pescado. Cocínalas a la parrilla o al horno, de preferencia. Las verduras al vapor también puede ser una buena alternativa para completar tu hora de comida.

Como postre, te recomendamos fruta o una barra de cereal. Evita consumir un postre que tenga grasa, como crema o dulce.




La influencia del ambiente externo en los hábitos alimenticios.

El problema de sobrepeso y obesidad presenta dos vertientes. Por un lado, es un problema individual que, sin embargo, al no estar aisladas las personas y vivir en sociedad, aparece la segunda vertiente, que es la suma de las influencias que el entorno, las oportunidades o las condiciones de vida tienen un impacto en las diversas poblaciones.
No son erróneas las actuales estrategias para prevenir y revertir el incremento de obesidad centradas en que cada persona. Es fundamental que cambien individualmente sus hábitos alimenticios, como es consumir más productos ricos en proteínas, vitaminas y minerales y menos ingesta de grasas saturadas y carbohidratos. Por supuesto, también es importante el incremento de la actividad física.
Hay que revertir el sobrepeso y la obesidad cambiando conductas y hábitos personales, pero también hay que considerar el ambiente en el que los hábitos se desarrollan y en el cual pretenden modificarse.
Nos referimos al ambiente denominado obesogénico y es el que se refiere a  la  generalización de ciertos hábitos alimenticios y de actividad física en grandes grupos de gente.
Para ello hay que tomar en cuenta que en los ambientes urbanos actuales vive más del 50% de la población mundial, según cifras de la ONU. Es decir, vivimos en ambientes en los que hay que recorrer grandes distancias en las ciudades, utilizando medios de transporte que limitan la actividad física.
La actividad laboral es otro problema más, ya que es fundamentalmente sedentaria. Incluso, la oferta alimentaria cercana a los centros de trabajo suele ser muy deficiente, desde el punto de vista nutricional. La comida está disponible para un enorme segmento de la población, pero es deficiente en muchos casos. Por el contrario, las oportunidad de realizar deporte o ejercicio físico y gastar energía de manera saludable ha disminuido.
Desde el seno familiar, es donde los niños aprenden los hábitos alimenticios y de actividad física. Los padres son quienes deben, en un principio, educar para tener conductas activas o inclinarse hacia la vida sedentaria, permitiendo los videojuegos o muchas horas de ver televisión.
También se les enseña a ingerir ciertos alimentos en lugar de otros y sobre el  tamaño de las porciones. Ya en el ambiente escolar, viene el problema de la oferta de productos en tiendas y/o cooperativas.
Hay que mencionar otros factores negativos, como la inseguridad, la falta de alumbrado público, la cercanía a grandes avenidas o la falta de parques y jardines en los centros de población. Frente a estos factores, hay padres que prefieren mantener a sus hijos dentro de la casa. Esto se traduce en pasar el tiempo en espacios cerrados y, por lo tanto, en llevar una vida sedentaria.
El resultado va a ser que en la vida adulta este panorama no sea demasiado distinto y aparezcan nuevos problemas como el estrés, la ansiedad, y la necesidad de una mayor ingesta.
La solución a todos estos problemas debe abordarse desde una óptica en la que se contemple moderar la ingesta, sentar las bases para que la ingesta y el gasto energético se balanceen, programas de educación física obligatoria en las escuelas y limitar las porciones de productos de dudosa calidad.
Disponer de más espacios públicos para el ejercicio físico, la redistribución de espacios de trabajo, migrar de una cultura de transporte motorizado a una de actividad física, y muchos otros más que aborden el sobrepeso y la obesidad como un asunto de cambio de hábitos y balance energético.